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Luis Amézaga. Nacido
en el año 1965 en la ciudad de Vitoria. Se considero
un escritor con vocación y lector profesional.
Cuenta con varias participaciones en antologías
poéticas de editoriales españolas y latinoamericanas.
Ha participado en la antología de relatos Narrativa
contemporánea española. Y en 60 Autores, 60 relatos
de la editorial Beta. También colaboro con revistas
literarias en papel como Nitecuento (Barcelona),
Resonancias (Suiza) La Nuez (México)”, Los Papeles
de la Manscupia (México) La Bolsa de Pipas (Palma de
Mallorca), Cuadernos de Poesía Telira, Zuer Arte de
Bilbao. Colaboró en el último número de la
publicación Luces y Sombras de la Fundación María
del Villar Berruezo. Así mismo impulso con
diferentes colaboraciones el proyecto de la nueva
revista El generador. Colabora en el ambicioso
proyecto de poesía y arte de Amilamia (Vitoria) y
distintas revistas y periódicos virtuales como Luke,
y dirije la revista El Verso que Viene. SigloXXI.
Así como la publicación del blog literario El poeta
mirón Ha recibido un accésit en el premio de poesía
Mizares. Su último poemario publicado en solitario
fue El caos de la impresión en la editorial
madrileña Simar del grupo Vitruvio. Está en vías de
publicar con la editorial Baile del sol, la obra A
pesar de todo.

La combinación de
palabras tomada como expresión unitaria de una
realidad suele generarme interrogantes. ¿El
terrorista suicida es más un terrorista que busca la
eficacia asesina con su ofrecimiento físico, o más
un suicida que ya de paso me llevo por delante a
unos cuantos “joputas”? A las víctimas igual les da.
Las víctimas son eso, mudos números: diez, cien,
mil, un millón. Cuanto mayor el número, mayor el
impacto y menos recordaremos sus nombres. El
asesinato selectivo nos salva a los demás. El ciego,
nos hace replantearnos el sistema. Dicen que la
violencia no logra sus objetivos. Mienten. La
violencia es muy eficaz. Todos la entendemos y
reaccionamos, afianzando los principios o
cuestionándolos. La violencia es parte de la
naturaleza, de nuestra esencia evolutiva de
supervivientes. Al violentado le suele asaltar un
sentimiento de culpa que el violento aprovecha para
afianzarse en su postura. No hay héroes, hay miedos
que huyen hacia adelante. Sí hay cobardes, aquellos
que intentan negar la maldad del prójimo porque así
niegan la propia. Y sí hay miserables, aquellos que
consideran al asesino víctima de su víctima. Amplio
es el percal, y nos movemos titubeantes por las
líneas que algunos intentan hacer borrosas para
camuflarse. Todos estamos expuestos a las diferentes
tendencias, destructivas y constructivas. A nadie se
le juzga por sus pensamientos repulsivos, que sin
duda hemos tenido que dejar pasar de largo en más de
una ocasión. Pero sí debemos ser implacables con
quien toma libre elección por ellos, renunciando
interesadamente al probo comportamiento que le hace
vulnerable en una sociedad hostil. Todavía hay
dioses irascibles en cuyo nombre se reivindica la
agresión. Todavía hay imaginarios colectivos en cuyo
nombre se sacrifica a los individuos. Todavía hay
ideas en cuyo nombre se revienta el cerebro del otro.
Esto parece deberse a que necesitamos entregarnos a
causas que superen nuestra finitud. Buscamos el
sentido en aquello que pueda sublimar esta limitada
carrera que es nuestra vida. Ese terror silencioso
que nos asalta ante una muerte infalible en una
existencia que no hemos elegido. Pero el Amor y la
Compasión también buscan reclutas capaces de
inmolarse.

destiempos.com
I
Año 2 I Número
9
I
2007 ©
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