El Patchwork se define como una
manifestación artística en la que a partir de fragmentos
de telas unidas entre sí,
se forma una pieza única con valores estéticos. Si bien
inicialmente se realizaba todo a mano, en la actualidad
existen máquinas y aditamentos especiales que les
facilitan estas labores a los artistas que las abordan.
Como en cualquier actividad humana, es
muy difícil y riesgoso establecer cuándo, dónde y quién
hizo el primer Patchwork o Quilt (nombre con el que es
conocido en los Estados Unidos). Lo cierto es que su
origen se sitúa en épocas muy antiguas pues se hacen
referencias a trabajos encontrados en:
·
cámaras funerarias egipcias en el siglo
IX A.C.;
·
funda para silla de montar con
aplicaciones de fieltro del siglo V ó IV A.C. en el sur
de Liberia;
·
alfombra acolchada en la región de
Turania junto al Mar Muerto que data del siglo I A.C.;
·
en velas de las naves del Nilo presentes
en las pinturas murales de Tebas.
Se considera que inicialmente el
Patchwork se realizaba por la necesidad de hacer
remiendos en las ropas y para aprovechar retazos de tela
en la confección de ropa de cama, cojines, etc.
Posteriormente, los trabajos ganan en valor ornamental y
durante siglos toma auge en el norte de África,
Turkestán, Persia, Siria, la India y China.
A partir del siglo XI, comienzan a
trabajarse en Europa con fines decorativos,
confeccionándose así banderas, tapices, estandartes,
ropa de cama, prendas eclesiásticas, colchas, prendas
protectoras para los soldados, etc. A lo largo de
estos siglos, surgen y se desarrollan variedades
decorativas y técnicas diferentes.
Con la Revolución Técnico-Industrial
ocurrida en el siglo XVIII y las nuevas posibilidades
que esta abre a la industria textil de estampar en tela
así como el consiguiente abaratamiento y disponibilidad
de tejidos muy variados, el Patchwork inicia un declive
en Europa del que no se recupera hasta tiempos tan
recientes como mediados del siglo XIX.
Sin embargo, los colonos holandeses e
ingleses llevaron estas técnicas a Norteamérica, donde
con el paso del tiempo llegó a considerarse como la
forma más genuina del arte popular en las trece colonias.
Nuevamente la necesidad (recordemos los pioneros
americanos carentes de enseres y en difíciles
condiciones de vida en la nueva tierra pródiga, sin
olvidar las guerras contra los indios nativos) hace
florecer el Patchwork que deriva luego en una forma de
entretenimiento puesto que la actividad generalmente se
desarrollaba en reuniones sociales.
Con la llegada del siglo XX y el
desarrollo de la fabricación industrial en América del
Norte, el Patchwork nuevamente sufrió un declive hasta
mediados del siglo XX, momento en que las personas
sintieron la necesidad de nuevamente hacer algo con sus
propias manos. Los Amish de América del Norte, en
particular, aunque comenzaron tardíamente las labores de
Patchwork (primera mitad del siglo XX), han creado un
estilo distintivo en su hacer y son hoy notorios en
estas labores.
De América del Norte, el Patchwork llega
a América Latina (Perú, México, Panamá, entre otros),
desarrollándose en cada uno con técnicas y
características propias.
Desde sus inicios, a la par del Patchwork
se desarrollaron otras dos técnicas: Appliqué o
Aplicación y Acolchado o Quilt. Las tres están tan
interrelacionadas entre sí que pueden incluso emplearse
en conjunto.
Se entiende por Appliqué o Aplicación, la
costura de piezas sobre una tela de fondo. Inicialmente
se utilizaba para remendar tejidos deteriorados o con
huecos que se cubrían con parches. Pero luego, al
recortarse en diferentes formatos y adornarse sus bordes
con hilos en realce, fueron ganando valor ornamental.
La Aplicación es considerada la más idónea de estas
técnicas para representar composiciones figurativas.
El Acolchado o Quilt consistía
inicialmente en la unión de dos capas de telas con un
relleno mullido entre ellas que servía como protección
contra el frío. Luego surgieron variantes de esta
técnica, manteniendo las dos capas de tela pero sin
relleno y creando dibujos con líneas de costura que
creaban efectos abultados en las superficies de las
telas. En la evolución del acolchado en los Estados
Unidos, se crearon diseños que han llegado a nuestros
días, como son: la estrella de Belén, rosa de Sharon,
Log Cabin, Bonnet Sue, Album, Presente, Dedicatoria,
y muchas más.
En el Patchwork se distinguen diferentes
técnicas de ejecución tales como:
·
Paper Piercing o Método
Inglés: preferido para realizar motivos
repetitivos como hexágonos o rombos así como para las
estrellas;
·
Método Americano:
utilizado con preferencia para motivos rectilíneos y que
puede hacerse por diferentes procedimientos tales como
el tradicional, el fácil y rápido o el innovador;
·
Crazy:
característico de los tiempos en que el Patchwork era un
método que utilizaba retales de diferentes telas, pues
se hace uniendo pequeños pedazos, combinando los
estampados, colores, etc.
·
Log Cabin:
técnica que emplea tiras rectangulares siguiendo un
patrón preestablecido (para lo que existen diferentes
métodos) formando un diseño que asemeja una cabaña de
troncos, de ahí su nombre.
En Cuba -tal vez por su desarrollo
económico en la primera mitad del siglo veinte- no
existía gran tradición artesanal, a diferencia de otros
países latinoamericanos. La artesanía cubana se
producía de manera regional o local pero no se puede
hablar de un movimiento nacional de esta manifestación
en la primera mitad del siglo XX.
Tampoco
existía una tradición en el Patchwork como encontramos
en Europa, Norteamérica u otras regiones. Haciendo
revisión de esta manifestación en Cuba, observamos que
los colonizadores y emigrantes africanos trajeron con
ellos la técnica del remiendo. En los monasterios, las
monjas hacían algunas prendas (mantelería, vestidos,
etc.), todos de carácter utilitarios, con técnica de
aplicación. También los reclusos en las cárceles
fragmentaban sus colchones y elaboraban mantas y otras
prendas utilitarias. En general, lo más que se hacía
con fines decorativos era el Log Cabin o Cabaña de
Troncos en la confección de sobrecamas y cojines, así
como el uso de los “yoyitos” (redondeles de tela cosidos
y fruncidos a los que se le da la forma deseada: flores,
hojas, etc.), que se incorporan al parche pero no son
parche en sí.
La técnica del Patchwork, como
manifestación de las artes visuales, hace su aparición
en Cuba en la década del 80, con la artista primitiva
Alejandrina Cué, quien le dio sentido comunitario al
Parche e impartió los primeros talleres o clases. Es
considerada renovadora de la manifestación en Cuba y
tiene en su haber premios y exposiciones personales y
colectivas en Cuba y en el extranjero.
Alberto Vázquez León funda el grupo
Técnica Mixta en la Casa de Cultura de Plaza (El Vedado,
Ciudad de La Habana) en 1984 y crea el grupo “Tendedera”
en 1990. Realiza exposiciones nacionales e
internacionales y sus trabajos reciben diversos premios.
En el año 2000, funda el Club “Amigos de la Aguja”, con
el propósito de unir todos los grupos que existían antes
de esa fecha o que se crearan después y así impulsar
esta manifestación en el resto del país.
Gloria Villaruela, procedente del grupo
“Parche” creado por Alejandrina Cué, comienza a impartir
talleres de Parches en 1999. En años recientes, sería
también un miembro directivo del grupo Santa Cecilia
como parte del proyecto Paloma de la UNEAC. Sus trabajos
también reciben premios al participar en exposiciones en
Cuba y en el extranjero.
En mayo del 2001, surge el Parche como
manifestación independiente en la ACAA (Asociacion
Cubana de Artesanos y Artistas). En ese mismo año y
entre otras acciones diseñadas para impulsar el Parche
en Cuba, se da inicio a la Exposición Itinerante del
Parche para promover en las provincias esta
manifestación. En el año 2003 se realiza el I Salón de
Parche en el Centro de Prensa Internacional de Ciudad de
La Habana.
Desde 1999, anualmente se celebra el
Encuentro de Parche con sede en la Casa de Cultura
de Plaza, cada año con más trabajos presentados, mayor
participación nacional y más calidad en las obras tanto
de los miembros del Fondo de Bienes Culturales y la ACAA
como de los cultivadores del género que aún no
pertenecen a esas organizaciones.
En la actualidad hay más
de 75 miembros
de estas organizaciones en la manifestación parches y
más de 300 miembros del Club de Amigos de la Aguja,
quienes han cursado talleres y participan en concursos y
eventos.
Resumiendo, en la segunda mitad del siglo
veinte se puede enmarcar el desarrollo del Patchwork en
Cuba en dos etapas:
1ra.: Rescate de lo poco que se hacia en
este campo en la primera mitad del siglo y desarrollo de
la manifestación a partir de 1980;
2da.: Consolidación y extensión a partir
del 2000 con la creación del Club “Amigos de la Aguja”;
la creación de la sección de Parche en la ACAA; el I
Salón Nacional de Parche; y el surgimiento, desarrollo y
multiplicación de diferentes grupos nuevos.
Las espinas de la rosa:
Sin embargo, no todo es felicidad para el
Patchwork en Cuba a pesar de su indudable avance en un
periodo menor de tres décadas, pues existen diferentes
preocupaciones importantes en relación a esta manualidad
en la isla.
Por una parte, el insuficiente
reconocimiento que tiene esta manifestación de las Artes
Aplicadas entre las instituciones culturales rectoras en
el país, lo que se observa en las convocatorias para
exposiciones realizadas por los centros dirigentes de
las artes visuales, quienes no incluyen estos tapices
entre las posibles obras a presentar para concursar.
Por la otra, la existencia de dos
tendencias opuestas en cuanto a la función social del
Patchwork en Cuba:
-
Vía
de realización y entretenimiento para la media y
tercera edad (énfasis dado en los momentos de su
surgimiento);
-
Movimiento artístico abierto para
todos por igual (tendencia actual que trata de
abrirse paso).
De hecho, y esto constituye una
característica que diferencia al artesano cubano de los
artesanos de otros países latinoamericanos con bajo
nivel cultural y pocos recursos económicos, la mayoría
de los que practican esta manifestacion en Cuba son
mujeres mayores de 50 años, con nivel universitario o
pre-universitario, quienes iniciaron sus estudios en el
Patchwork a partir del año 2001 y han participado alguna
vez en el Encuentro de Parche; aproximadamente uno de
cada cuatro ha expuesto en el extranjero y han recibidos
premios o menciones por sus obras; han realizado también
otros estudios como dibujo, pintura, apreciación de las
Artes Plásticas –opciones de estudio que en muchos casos
se brindan en la propia Casa de Cultura de Plaza.
Además de los dos problemas mencionados
con anterioridad, existe también imprecisión en la
conceptualización del actual Patchwork cubano:
a)
¿Es válido el 30% de técnica mixta?
Mientras que algunos consideran que se deben agotar
todas las posibilidades con tela, hilo y aguja, otros
defienden el uso de la pintura en los tapices.
b)
¿Pueden los tapices tener bordados
o no?; ¿puntadas toscas o no?; ¿usar sólo hilo negro o
no?; se pega sobre papel o no?, etc.
Estos problemas conceptuales pueden
constituir un freno para el pleno desarrollo del
Patchwork en Cuba, a diferencia de la identificación que
se encuentra por ejemplo en otras manifestaciones de las
Artes Visuales.
Existe preocupación en cuanto al
desarrollo insuficiente del Patchwork fuera de Ciudad de
La Habana e incluso en ésta, su ausencia en muchos
municipios. Aunque se reconocen casos aislados
destacados en algunas provincias (Pinar del Rio,
Matanzas, Santiago de Cuba, entre otras), aún no se ha
hecha “masiva” la enseñanza y práctica del Patchwork en
Cuba.
Adicionalmente, los propios mecanismos
económicos cubanos actuales crean dificultades para la
comercialización de los tapices ya que solamente los que
son miembros de la ACAA o el FCBC están autorizados a
vender su obra, mientras que los restantes cultivadores
no pueden hacerlo. Sin embargo, los materiales
empleados en la elaboración de los tapices son costosos
y los aficionados muchas veces enfrentan dificultades
para sufragar su compra, que deben hacer en moneda
convertible o a elevados precios en el mercado negro.
Desde el punto de vista psico-social, la
práctica del Patchwork ha reportado importantes
beneficios a sus practicantes, muchas veces personas
jubiladas y de la tercera edad. Es conocido que muchas
veces los jubilados sienten que ya no son importantes
para la sociedad y en las condiciones cubanas, muchos
quedan relegados al cuidado de los nietos, la fila para
comprar la prensa o las largas colas para adquirir los
abastecimientos, amén de ser los responsables de las
otras muchas tareas domésticas. Estas personas, al
incorporarse a grupos de Patchwork o concurrir a sus
diferentes talleres y reuniones del Club de Amigos de la
Aguja, participar en exposiciones e incluso ser
premiados por sus trabajos, constatan entonces nuevos
niveles de realización individual, un incremento en sus
relaciones sociales mas allá de la familia, los viejos
amigos o vecinos, un aumento en su auto-estima, el
desarrollo de su creatividad, el desarrollo de su nivel
cultural, y en general una transformación personal que
los ayuda a ver sus problemas cotidianos de una manera
diferente y mas positiva.