México, Distrito Federal I Julio-Agosto 2007 I Año 2 I Número 9

 








 

Mayra Aguilera. Nació en La Habana, Cuba.  Es Licenciada en Psicología de la Universidad de La Habana.  Vivió parte de su vida en los E.U., donde reside actualmente.  En Cuba trabajó como profesora de la Universidad de Oriente y otros centros docentes; directora de la Editorial de Ciencias Sociales y durante más de diez años como promotora del libro a nivel nacional, realizando diversas presentaciones de libros y homenaje a autores, editores y diseñadores, en la organización de ferias, festivales y otras actividades literarias.  Trabajó también como Directora de agencia de publicidad, así como de traductora.  Tiene un libro en proceso de publicación acerca de la cocina tradicional cubana.  Desde el año 2003 formó parte del taller de Patchwork de la Casa de Cultura de Plaza (La Habana, Cuba), participando en distintos eventos donde ganó premio por su ponencia acerca de esta manifestación artística.

 

Antecedentes del Patchwork en el mundo: 

El Patchwork se define como una manifestación artística en la que a partir de fragmentos de telas unidas entre sí, se forma una pieza única con valores estéticos. Si bien inicialmente se realizaba todo a mano, en la actualidad existen máquinas y aditamentos especiales que les facilitan estas labores a los artistas que las abordan.

Como en cualquier actividad humana, es muy difícil y riesgoso establecer cuándo, dónde y quién hizo el primer Patchwork o Quilt (nombre con el que es conocido en los Estados Unidos).  Lo cierto es que su origen se sitúa en épocas muy antiguas pues se hacen referencias a trabajos encontrados en:  

·      cámaras funerarias egipcias en el siglo IX A.C.;

·      funda para silla de montar con aplicaciones de fieltro del siglo V ó IV A.C. en el sur de Liberia;

·      alfombra acolchada en la región de Turania junto al Mar Muerto que data del siglo I A.C.;

·      en velas de las naves del Nilo presentes en las pinturas murales de Tebas. 

Se considera que inicialmente el Patchwork se realizaba por la necesidad de hacer remiendos en las ropas y para aprovechar retazos de tela en la confección de ropa de cama, cojines, etc.  Posteriormente, los trabajos ganan en valor ornamental y durante siglos toma auge en el norte de África, Turkestán, Persia, Siria, la India y China.

A partir del siglo XI, comienzan a trabajarse en Europa con fines decorativos, confeccionándose así banderas, tapices, estandartes, ropa de cama, prendas eclesiásticas, colchas, prendas protectoras para los soldados, etc.   A lo largo de estos siglos, surgen y se desarrollan variedades decorativas y técnicas diferentes.

Con la Revolución Técnico-Industrial ocurrida en el siglo XVIII y las nuevas posibilidades que esta abre a la industria textil de estampar en tela así como el consiguiente abaratamiento y disponibilidad de tejidos muy variados, el Patchwork inicia un declive en Europa del que no se recupera hasta tiempos tan recientes como mediados del siglo XIX.

Sin embargo, los colonos holandeses e ingleses llevaron estas técnicas a Norteamérica, donde con el paso del tiempo llegó a considerarse como la forma más genuina del arte popular en las trece colonias.  Nuevamente la necesidad (recordemos los pioneros americanos carentes de enseres y en difíciles condiciones de vida en la nueva tierra pródiga, sin olvidar las guerras contra los indios nativos) hace florecer el Patchwork que deriva luego en una forma de entretenimiento puesto que la actividad generalmente se desarrollaba en reuniones sociales.

Con la llegada del siglo XX y el desarrollo de la fabricación industrial en América del Norte, el Patchwork nuevamente sufrió un declive hasta mediados del siglo XX, momento en que las personas sintieron la necesidad de nuevamente hacer algo con sus propias manos.  Los Amish de América del Norte, en particular, aunque comenzaron tardíamente las labores de Patchwork (primera mitad del siglo XX), han creado un estilo distintivo en su hacer y son hoy notorios en estas labores.

De América del Norte, el Patchwork llega a América Latina (Perú, México, Panamá, entre otros), desarrollándose en cada uno con técnicas y características propias.

Técnicas del Patchwork: 

Desde sus inicios, a la par del Patchwork se desarrollaron otras dos técnicas: Appliqué o Aplicación y Acolchado o Quilt.  Las tres están tan interrelacionadas entre sí que pueden incluso emplearse en conjunto.

Se entiende por Appliqué o Aplicación, la costura de piezas sobre una tela de fondo.  Inicialmente se utilizaba para remendar tejidos deteriorados o con huecos que se cubrían con parches.  Pero luego, al recortarse en diferentes formatos y adornarse sus bordes con hilos en realce, fueron ganando valor ornamental.  La Aplicación es considerada la más idónea de estas técnicas para representar composiciones figurativas.

El Acolchado o Quilt consistía inicialmente en la unión de dos capas de telas con un relleno mullido entre ellas que servía como protección contra el frío.  Luego surgieron variantes de esta técnica, manteniendo las dos capas de tela pero sin relleno y creando dibujos con líneas de costura que creaban efectos abultados en las superficies de las telas.  En la evolución del acolchado en los Estados Unidos, se crearon diseños que han llegado a nuestros días, como son: la estrella de Belén, rosa de Sharon, Log Cabin, Bonnet Sue, Album, Presente, Dedicatoria, y muchas más.

En el Patchwork se distinguen diferentes técnicas de ejecución tales como:

·         Paper Piercing o Método Inglés: preferido para realizar motivos repetitivos como hexágonos o rombos así como para las estrellas;

·         Método Americano: utilizado con preferencia para motivos rectilíneos y que puede hacerse por diferentes procedimientos tales como el tradicional, el fácil y rápido o el innovador;

·         Crazy: característico de los tiempos en que el Patchwork era un método que utilizaba retales de diferentes telas, pues se hace uniendo pequeños pedazos, combinando los estampados, colores, etc.

·         Log Cabin: técnica que emplea tiras rectangulares siguiendo un patrón preestablecido (para lo que existen diferentes métodos) formando un diseño que asemeja una cabaña de troncos, de ahí su nombre.

El Patchwork en Cuba: 

En Cuba -tal vez por su desarrollo económico en la primera mitad del siglo veinte- no existía gran tradición artesanal, a diferencia de otros países latinoamericanos.  La artesanía cubana se producía de manera regional o local pero no se puede hablar de un movimiento nacional de esta manifestación en la primera mitad del siglo XX.

Tampoco existía una tradición en el Patchwork como encontramos en Europa, Norteamérica u otras regiones.  Haciendo revisión de esta manifestación en Cuba, observamos que los colonizadores y emigrantes africanos trajeron con ellos la técnica del remiendo.  En los monasterios, las monjas hacían algunas prendas (mantelería, vestidos, etc.), todos de carácter utilitarios, con técnica de aplicación.  También los reclusos en las cárceles fragmentaban sus colchones y elaboraban mantas y otras prendas utilitarias.  En general, lo más que se hacía con fines decorativos era el Log Cabin o Cabaña de Troncos en la confección de sobrecamas y cojines, así como el uso de los “yoyitos” (redondeles de tela cosidos y fruncidos a los que se le da la forma deseada: flores, hojas, etc.), que se incorporan al parche pero no son parche en sí.

La técnica del Patchwork, como manifestación de las artes visuales, hace su aparición en Cuba en la década del 80, con la artista primitiva Alejandrina Cué, quien le dio sentido comunitario al Parche e impartió los primeros talleres o clases.  Es considerada renovadora de la manifestación en Cuba y tiene en su haber premios y exposiciones personales y colectivas en Cuba y en el extranjero.

Alberto Vázquez León funda el grupo Técnica Mixta en la Casa de Cultura de Plaza (El Vedado, Ciudad de La Habana) en 1984 y crea el grupo “Tendedera” en 1990.  Realiza exposiciones nacionales e internacionales y sus trabajos reciben diversos premios.  En el año 2000, funda el Club “Amigos de la Aguja”, con el propósito de unir todos los grupos que existían antes de esa fecha o que se crearan después y así impulsar esta manifestación en el resto del país. 

Gloria Villaruela, procedente del grupo “Parche” creado por Alejandrina Cué, comienza a impartir talleres de Parches en 1999.  En años recientes, sería también un miembro directivo del grupo Santa Cecilia como parte del proyecto Paloma de la UNEAC. Sus trabajos también reciben premios al participar en exposiciones en Cuba y en el extranjero.

En mayo del 2001, surge el Parche como manifestación independiente en la ACAA (Asociacion Cubana de Artesanos y Artistas).  En ese mismo año y entre otras acciones diseñadas para impulsar el Parche en Cuba, se da inicio a la Exposición Itinerante del Parche para promover en las provincias esta manifestación.  En el año 2003 se realiza el I Salón de Parche en el Centro de Prensa Internacional de Ciudad de La Habana.

Desde 1999, anualmente se celebra el Encuentro de Parche con sede en la Casa de Cultura de Plaza, cada año con más trabajos presentados, mayor participación nacional y más calidad en las obras tanto de los miembros del Fondo de Bienes Culturales y la ACAA como de los cultivadores del género que aún no pertenecen a esas organizaciones.

En la actualidad hay más de 75 miembros de estas organizaciones en la manifestación parches y más de 300 miembros del Club de Amigos de la Aguja, quienes han cursado talleres y participan en concursos y eventos.

Resumiendo, en la segunda mitad del siglo veinte se puede enmarcar el desarrollo del Patchwork en Cuba en dos etapas: 

1ra.: Rescate de lo poco que se hacia en este campo en la primera mitad del siglo y desarrollo de la manifestación a partir de 1980;

2da.: Consolidación y extensión a partir del 2000 con la creación del Club “Amigos de la Aguja”; la creación de la sección de Parche en la ACAA; el I Salón Nacional de Parche; y el surgimiento, desarrollo y multiplicación de diferentes grupos nuevos. 

Las espinas de la rosa:

Sin embargo, no todo es felicidad para el Patchwork en Cuba a pesar de su indudable avance en un periodo menor de tres décadas, pues existen diferentes preocupaciones importantes en relación a esta manualidad en la isla.

Por una parte, el insuficiente reconocimiento que tiene esta manifestación de las Artes Aplicadas entre las instituciones culturales rectoras en el país, lo que se observa en las convocatorias para exposiciones realizadas por los centros dirigentes de las artes visuales, quienes no incluyen estos tapices entre las posibles obras a presentar para concursar.   

Por la otra, la existencia de dos tendencias opuestas en cuanto a la función social del Patchwork en Cuba:

  •  Vía de realización y entretenimiento para la media y tercera edad (énfasis dado en los momentos de su surgimiento); 

  • Movimiento artístico abierto para todos por igual (tendencia actual que trata de abrirse paso). 

De hecho, y esto constituye una característica que diferencia al artesano cubano de los artesanos de otros países latinoamericanos con bajo nivel cultural y pocos recursos económicos, la mayoría de los que practican esta manifestacion en Cuba son mujeres mayores de 50 años, con nivel universitario o pre-universitario, quienes iniciaron sus estudios en el Patchwork a partir del año 2001 y han participado alguna vez en el Encuentro de Parche; aproximadamente uno de cada cuatro ha expuesto en el extranjero y han recibidos premios o menciones por sus obras; han realizado también otros estudios como dibujo, pintura, apreciación de las Artes Plásticas –opciones de estudio que en muchos casos se brindan en la propia Casa de Cultura de Plaza.

Además de los dos problemas mencionados con anterioridad, existe también imprecisión en la conceptualización del actual Patchwork cubano:

a)     ¿Es válido el 30% de técnica mixta?  Mientras que algunos consideran que se deben agotar todas las posibilidades con tela, hilo y aguja, otros defienden el uso de la pintura en los tapices.  

b)     ¿Pueden los tapices tener bordados o no?; ¿puntadas toscas o no?; ¿usar sólo hilo negro o no?; se pega sobre papel o no?, etc. 

Estos problemas conceptuales pueden constituir un freno para el pleno desarrollo del Patchwork en Cuba, a diferencia de la identificación que se encuentra por ejemplo en otras manifestaciones de las Artes Visuales. 

Existe preocupación en cuanto al desarrollo insuficiente del Patchwork fuera de Ciudad de La Habana e incluso en ésta, su ausencia en muchos municipios. Aunque se reconocen casos aislados destacados en algunas provincias (Pinar del Rio, Matanzas, Santiago de Cuba, entre otras), aún no se ha hecha “masiva” la enseñanza y práctica del Patchwork en Cuba.

Adicionalmente, los propios mecanismos económicos cubanos actuales crean dificultades para la comercialización de los tapices ya que solamente los que son miembros de la ACAA o el FCBC están autorizados a vender su obra, mientras que los restantes cultivadores no pueden hacerlo.  Sin embargo, los materiales empleados en la elaboración de los tapices son costosos y los aficionados muchas veces enfrentan dificultades para sufragar su compra, que deben hacer en moneda convertible o a elevados precios en el mercado negro.

Desde el punto de vista psico-social, la práctica del Patchwork ha reportado importantes beneficios a sus practicantes, muchas veces personas jubiladas y de la tercera edad.  Es conocido que muchas veces los jubilados sienten que ya no son importantes para la sociedad y en las condiciones cubanas, muchos quedan relegados al cuidado de los nietos, la fila para comprar la prensa o las largas colas para adquirir los abastecimientos, amén de ser los responsables de las otras muchas tareas domésticas.  Estas personas, al incorporarse a grupos de Patchwork o concurrir a sus diferentes talleres y reuniones del Club de Amigos de la Aguja, participar en exposiciones e incluso ser premiados por sus trabajos, constatan entonces nuevos niveles de realización individual, un incremento en sus relaciones sociales mas allá de la familia, los viejos amigos o vecinos, un aumento en su auto-estima, el desarrollo de su creatividad, el desarrollo de su nivel cultural, y en general una transformación personal que los ayuda a ver sus problemas cotidianos de una manera diferente y mas positiva.

Proyecciones del Patchwork en Cuba 

Las perspectivas de esta interesante manifestación de las Artes Visuales en Cuba dependerán en gran medida de:  

·      la posibilidad de realizar captaciones entre los jóvenes e iniciarlos en las técnicas de esta manualidad;

·      la sistemática divulgación de los resultados obtenidos hasta el momento en este campo;

·      propiciar una mayor participación de los no miembros de la ACAA o FCBC en el Salon Nacional de Parche además de los Encuentros de Parche. 

De igual forma, incrementar la participación en exposiciones y eventos internacionales permitirá lograr un mayor nivel de confrontación con lo que se hace en este campo en otras partes del mundo y dar a conocer el quehacer de los “parchistas” cubanos, que ya se ha convertido en una realidad que, a pesar de las dificultades existentes, a diario se consolida y gana prestigio nacional e internacionalmente.

 

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