México, Distrito Federal I Julio-Agosto 2007 I Año 2 I Número 9

 








 

 

 

 

Mónica Lucía Suárez Beltrán (1975). Profesional en Estudios Literarios egresada de la Universidad Nacional de Colombia con un interés en la investigación enfocada hacia una poética del espacio y de las cosas. Educadora en el área de Lenguaje. Autora de Ritual de poesía y exorcismo de demonios nuestros y vuestros (Universidad Nacional, 1997) y Cuadernillo de Escritura hacia la Significación (FIGSA, 2004). Dramaturga, con textos teatrales y obras inéditas como Esmeralda y Noche gitana. Ha sido publicada en España con los poemas En la casa y El escribidor en la revista literaria Palabras Diversas, que es editada de forma virtual.

 

 

LOS PIES EN LAS ESCALERAS
 

La inestabilidad de los escalones

me siembran una certeza:

Los caminos pueden desandarse

a medida que subimos o bajamos
 

Los pies se esperan el uno al otro

Construyen poco a poco los pasos

con el cuerpo levemente inclinado

La posición oblicua del torso

indica una sutil reverencia al camino

que se va a llegar
 

Es menos cadenciosa la bajada

Los pies ya no se esperan

El cuerpo evade la caída

en posición alerta

apenas sosteniéndose del aire
 

A lo lejos se ve la calle en relieve

las escaleras parecen un río de piedra

que cae a la acera
 

La peregrinación diaria del afán
 

Sube y baja

Baja y sube
 

Desandan

los pies a un ritmo y

parecen conocer los escalones

uno a uno.
 

SEGUNDO MOVIMIENTO: EL CUERPO RECOSTADO EN EL MURO
 

Ahí permanece al llegar la noche
 

Ve pasar las sombras

Que la ignoran

Y siente como su cuerpo

Puede adherirse al muro
 

No importa quien de repente desvíe sus ojos

para verla

porque su piernas casi desnudas

están rectas

y no siente el cansancio de la noche

pero sí de los años
 

Su edad se mide por los ajados ladrillos del muro

que la han contenido noche tras noche
 

A veces,

se balancea como resbalando por el muro

Y su cuerpo baja

porque la espera se hace larga

En ese instante

envuelta en sí misma

se puede percibir su frágil vida
 

El muro la aguarda de nuevo

El cuerpo se sostiene recto
 

A la madrugada se observa

un muro de ladrillos solitario

Y dos sombras entrando al callejón del ruido

 

TERCER MOVIMIENTO: LA CABEZA EN LA SILLA
 

Es fácil ver el cansancio del día

Sobretodo en la noche
 

De regreso,

el vaivén de seguir y frenar

de volver al lugar

que lo espera por unas horas

y lo acoge

y lo despide en la mañana
 

Entonces la cabeza se desmonta

los ojos se desvían hacia el vidrio

Afuera ya no hay gente

sino sombras que pasan
 

Se siente la dureza del acero
 

El cuello como un gancho colgado

del tubo que soporta la silla

oscila lentamente hacia los lados

cualquier pensamiento se refleja

no hay momento más sublime

para el hastío
 

Acaba el día y el camino está lleno

de luces que encandilan los ojos

del agotamiento de las horas

de los desconocidos que se soportan de los tubos

para no caer o rozar ningún cuerpo cercano
 

La cabeza retorna a su lugar de origen

Falta ver como se levanta el cuerpo

El cuello aún está levemente encorvado
 

Y así permanece hasta el otro día.
 

CUARTO MOVIMIENTO: LOS OJOS EN LA VITRINA
 

La soledad se disfraza en un instante
 

Absolutamente recta

Frente a los objetos expuestos
 

expuesta ella
 

Los ojos con una dirección rotunda

miran al frente buscando

como engañar el tiempo

El disimulo del fastidio
 

Es fácil dar la espalda al mundo

al mirar una vitrina

Engañar la pesadumbre

de no esperar a nadie

Ver pasar los que pasan

a través de un reflejo
 

Entonces los ojos están en la vitrina

No en los objetos

Ni los maniquíes

sino en ella

en lo que se ve enfrente

y se fulgura atrás
 

El cuerpo no pretende girar

porque así los ojos

pueden fingir
 

Y nada la exhibe

Y nada la enfrenta
 

Se siente entonces parte de ese adentro

Como una pieza descubierta

Y a la venta
 

TERCER MOVIMIENTO: CON LOS BRAZOS ARRIBA
 

Sutilmente descolgada

la hamaca se desprende

acaricia los sueños que la buscan

envuelve todo cuerpo que la usa
 

No importa

Cuanto pesa la conciencia

de quien llega a ella

Importan más los kilos de la ausencia

cuando nadie la toca

cuando se mueve sola con el viento
 

Por eso siempre espera

Desenvuelta, extendida
 

Con los brazos arriba
 

Con el vientre dispuesto

Y el tórax contraído

que se acuesten despacio
 

Para guardar la huella

del cuerpo que se tiende

y esperar

algún tiempo

a que vuelva
 

MEDIO MOVIMIENTO: CRUZANDO LA CALLE

La osadía

invade el cuerpo

que armado de todo valor

se lanza de la acera
 

Y cruza

 

La calle lo espera

Con sus trampas

 

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