
LOS PIES EN LAS ESCALERAS
La
inestabilidad de los escalones
me
siembran una certeza:
Los caminos pueden desandarse
a
medida que subimos o bajamos
Los pies se esperan el uno al otro
Construyen poco a poco los pasos
con el cuerpo levemente inclinado
La
posición oblicua del torso
indica una sutil reverencia al camino
que se va a llegar
Es
menos cadenciosa la bajada
Los pies ya no se esperan
El
cuerpo evade la caída
en
posición alerta
apenas sosteniéndose del aire
A
lo lejos se ve la calle en relieve
las escaleras parecen un río de piedra
que cae a la acera
La
peregrinación diaria del afán
Sube y baja
Baja y sube
Desandan
los pies a un ritmo y
parecen conocer los escalones
uno a uno.
SEGUNDO MOVIMIENTO: EL CUERPO RECOSTADO EN EL MURO
Ahí permanece al llegar la noche
Ve
pasar las sombras
Que la ignoran
Y
siente como su cuerpo
Puede adherirse al muro
No
importa quien de repente desvíe sus ojos
para verla
porque su piernas casi desnudas
están rectas
y
no siente el cansancio de la noche
pero sí de los años
Su
edad se mide por los ajados ladrillos del muro
que la han contenido noche tras noche
A
veces,
se
balancea como resbalando por el muro
Y
su cuerpo baja
porque la espera se hace larga
En
ese instante
envuelta en sí misma
se
puede percibir su frágil vida
El
muro la aguarda de nuevo
El
cuerpo se sostiene recto
A
la madrugada se observa
un
muro de ladrillos solitario
Y
dos sombras entrando al callejón del ruido
TERCER MOVIMIENTO: LA CABEZA EN LA SILLA
Es
fácil ver el cansancio del día
Sobretodo en la noche
De
regreso,
el
vaivén de seguir y frenar
de
volver al lugar
que lo espera por unas horas
y
lo acoge
y
lo despide en la mañana
Entonces la cabeza se desmonta
los ojos se desvían hacia el vidrio
Afuera ya no hay gente
sino sombras que pasan
Se
siente la dureza del acero
El
cuello como un gancho colgado
del tubo que soporta la silla
oscila lentamente hacia los lados
cualquier pensamiento se refleja
no
hay momento más sublime
para el hastío
Acaba el día y el camino está lleno
de
luces que encandilan los ojos
del agotamiento de las horas
de
los desconocidos que se soportan de los tubos
para no caer o rozar ningún cuerpo cercano
La
cabeza retorna a su lugar de origen
Falta ver como se levanta el cuerpo
El
cuello aún está levemente encorvado
Y
así permanece hasta el otro día.
CUARTO MOVIMIENTO: LOS OJOS EN LA VITRINA
La
soledad se disfraza en un instante
Absolutamente recta
Frente a los objetos expuestos
expuesta ella
Los ojos con una dirección rotunda
miran al frente buscando
como engañar el tiempo
El
disimulo del fastidio
Es
fácil dar la espalda al mundo
al
mirar una vitrina
Engañar la pesadumbre
de
no esperar a nadie
Ver pasar los que pasan
a
través de un reflejo
Entonces los ojos están en la vitrina
No
en los objetos
Ni
los maniquíes
sino en ella
en
lo que se ve enfrente
y
se fulgura atrás
El
cuerpo no pretende girar
porque así los ojos
pueden fingir
Y
nada la exhibe
Y
nada la enfrenta
Se
siente entonces parte de ese adentro
Como una pieza descubierta
Y
a la venta
TERCER MOVIMIENTO: CON LOS BRAZOS ARRIBA
Sutilmente descolgada
la
hamaca se desprende
acaricia los sueños que la buscan
envuelve todo cuerpo que la usa
No
importa
Cuanto pesa la conciencia
de
quien llega a ella
Importan más los kilos de la ausencia
cuando nadie la toca
cuando se mueve sola con el viento
Por eso siempre espera
Desenvuelta, extendida
Con los brazos arriba
Con el vientre dispuesto
Y
el tórax contraído
que se acuesten despacio
Para guardar la huella
del cuerpo que se tiende
y
esperar
algún tiempo
a
que vuelva
MEDIO MOVIMIENTO: CRUZANDO LA CALLE
La
osadía
invade el cuerpo
que armado de todo valor
se
lanza de la acera
Y
cruza
La
calle lo espera
Con sus trampas