Como solía decir Allen Ginsberg, hay seres en los
que la vida está en buenas manos. La VIDA en
mayúscula,
con todas y cada una de sus implicaciones. Oscar
Felipe Chávez (Popayán, Colombia, 1979), alma y
corazón de Carretaca Teatro, se ha lanzado a ella
con los ojos cerrados y las alforjas llenas de
lecturas, obsesiones y vislumbres. Es la búsqueda
sempiterna de todo eso que nos haga soportable la
vida, que nos brinde asomos de certidumbre. Son
tiempos confusos. ¿Con qué podemos contar realmente?
Felipe Chávez apuesta por el teatro, entendido este
como una forma de asumir la realidad cotidiana,
polìtica y filosófica. En sus respuestas hay una
refrescante mezcla de seguridad, desparpajo y dudas
más que razonables. Un joven intelectual por
reacción, desasistido por un sector oficial ocupado
en otras prioridades; un docente que ve en sus
alumnos la cristalización de una utopía posible. Una
promesa que de cuando en cuando tuerce el camino
para volver a retomarlo, culpable -confeso- de
“cometer el teatro”. Sean los dioses indulgentes e
iluminados con su persona.
OR ¿Puede
hablarse de un novísimo teatro colombiano como
movimiento coherente, sostenido?
OFCH:
Eso de novísimo es como el chiste de Matt
Groenning que en Futurama dice nueva-nueva York para
hablar del futuro de la misma ciudad, el teatro
sigue siendo el mismo. Cristóbal Peláez director del
Teatro Matacandelas dice que el teatro es un arte
atrasado, que se quedó en el tiempo, que no ha
evolucionado desde los griegos pues en esencia sigue
siendo lo mismo: unos seres que dicen mentiras
frente a otros seres que se sientan a ver… en cambio
otros lenguajes como las artes plásticas o los
hijitos del teatro: el cine y la televisión, en un
siglo tuvieron desarrollos técnicos, temáticos y
estilísticos poderosísimos.
Hablar de un novísimo teatro sería tener algo de
síndrome adánico (pretender que la historia empieza
con uno) o suponer que hay un acuerdo estilístico o
político que recoja diferentes expresiones del
teatro; pero NO. El teatro en Colombia no es uno
solo, son varios teatros, es un caos de fragmentos,
de circuitos, de intereses y posturas… eso en buen
colombiano se dice roscas; es decir grupos que
comparten un interés. Por ejemplo por un lado está
el teatro
que uno llama “comercial” porque tiene
actores de televisión, procesos empresariales de
producción y obviamente dinero para publicidad, por
otro lado está lo que uno llama “teatro de arte”,
generalmente de grupos estables e independientes que
son los que investigan y abren espacios estéticos y
teóricos, por otro lado están los universitarios,
por otro los escolares, por otro lado estamos los
comunitarios que siendo parte de los barrios y
comunas hacemos propuestas escénicas para nosotros
mismos, por otro lado están los cirqueros, los
narradores; y así una cantidad de expresiones
diversas que responden a diferentes intereses
indiviudales o colectivos, en ese sentido no creo
que exista un movimiento novísimo, ni coherente ni
sostenido… todo lo contrario.
Pero bueno es que el teatro en Colombia es muy jóven,
apenas vamos empezando una tercera generación de
grupos, actores, autores y directores. En la primera
mitad del siglo XX tuvimos a Mallarino y a Luis
Enrique Osorio con propuestas muy costrumbristas, en
la segunda mitad del siglo XX llegaron la Candelaria
y el TEC a proponernos un Nuevo Teatro (Para
alejarse del
costumbrismo de los anteriores) desde la
investigación, obviamente desde Bertold Brecht y los
que estamos ahora somos una cantidad de grupos que
nos preguntamos el teatro desde nuestra posición en
el mundo y con nuestros propios recursos; con lo que
heredamos de esos maestros y frente a este contexto
que nos correspondió sobrevivir.
Por el lado optimista de la respuesta es necesario
reconocer que el proceso de organización del teatro
en el contexto del Sistema Distrital de Cultura en
Bogotá, ha permitido el flujo de información y la
visibilización de diferentes sectores culturales que
permite gestionar recursos de acuerdo a las
necesidades. Tenemos las salas concertadas, los
grupos profesionales sin sala, el teatro no verbal,
los narradores orales, los títeres y el teatro
infantil, el teatro callejero, el teatro comunitario.
Así cada sector intenta cofinanciar proyectos de
acuerdo a las necesidades propias y ahí son muy
importantes las redes de gestión como la Asociación
de Salas Concertadas, La Red de Teatro Capital (Teatro
Callejero), la Mesa de Cultura Festiva, la
Asociación de Titiriteros de Colombia (ATICO) o la
Red Colombiana de Teatro en Comunidad; Carretaca
pertenece a estas últimas tres organizaciones.
OR:
¿Cómo nace Carretaca Teatro?
OFCH: Yo inicié mi formación en el teatro escolar
Wankar en la ciudad de Popayán (Cauca) a principios
de los noventas llegué a Bogotá y el colegio
Claretiano tenía un flujo de cultura popular que me
permitió entrar en contacto con fundaciones de
desarrollo cultural. Con un grupo de amigos armamos
un grupito en el colegio y participábamos en esas
fundaciones. Esa época nos permitió aprender
técnicas como los zancos, la percusión, la danza, el
folclor, los títeres y cuanto taller de teatro o
comparsa aparecía. Después del servicio militar, en
1998 decidimos armar una obra de títeres con
materiales reciclados para hacer funciones en
colegios y conseguir dinero para el transporte en el
inicio de nuestra formación universitaria… pero el
enano se creció, el compromiso fue mucho mayor y las
oportunidades también.
Ya para el 2002 desarrollamos una investigación que
nos permitió organizarmos como ONG de desarrollo
social desde la cultura con cinco áreas de trabajo:
artística, pedagógica, comunicaciones,investigación
y desarrollo comunitario. Por eso nos desenvolvemos
en esas áreas donde hemos aprendido un par de
cositas, desde diseño gráfico, hasta producción de
video, desde investigación etnográfica hasta
sociología sistémica… en ese sentido es importante
reconocer el aporte de la Universidad Santo Tomas
con mi formación como licenciado en filosofía, pues
Carretaca ha sido un laboratorio donde hemos
indagado diferentes temas y creo que hemos crecido
mas lo humano e intelectual que en lo económico.
OR:
¿Hacer teatro para el
entretenimiento o para la reflexión social?
OFCH: El mismo
Bertold Brecht afirma que la función del teatro es
divertir… seguramente para nosotros, el
entretenimiento como lo usan los medios masivos de
información, es alienante pues esconde la verdadera
realidad de nuestros países… el “agit prop” no sé si
ya pasó de moda ¿fue una moda?…
Lo que quiero decir es que nosotros somos concientes
de hacer un teatro profundamente político, pero no
solo por los contenidos de nuestras historias, sino
por nuestra actitud ante la realidad, nuestra
presencia en un parque donde otros juegan fútbol,
otros hacen requisas y otros fuman marihuana
mientras nosotros ensayamos, es un acto político;
nosotros le apuntamos a la vida por medio del teatro
y en un país que le apuesta a la muerte eso
representa una dura reflexión social. En la obra
callejera “Zapatico cochinito” por ejemplo hablamos
del abusurdo de las armas, en las funciones del día
del idioma del mes de abril, después de la masacre
en Virginia; la obra tuvo unas lecturas muy
interesantes de los espectadores jóvenes.
El teatro es una manera radical de hacer política
pero no es proselitista, de hacer reflexión pero no
es adoctrinamiento… creo que en las obras Escoba y
Zapatico Cochinito, logramos un tono sarcástico
sobre la realidad donde el espectador no sabe si
reirse o llorar, porque la realidad es así o peor de
absurda
OR:
¿Debe ir la calle al teatro, y
viceversa?
OFCH: Para nosotros el
teatro está en la calle, de esa realidad teatral que
el mundo nos propone, nos alimentamos; nosotros
hacemos teatro en la calle porque no tenemos una
sala de teatro, porque en nuestros inicios quisimos
que nos fueran a ver a las salas pero ¿Quién va a
pagar transporte y boletos para ver a unos
desconocidos?, nosotros vamos a la calle a irrumpir
la cotidianidad con el color y el ruido organizado
de nuestras comparsas, nosotros vamos a la calle
porque ahí estan las fiestas populares y los
carnavales. También nos hemos presentado en
escenarios tradicionales pero creo que preferimos ir
a las comunas de Medellín o Bogotá o a las escuelas
de la loma de Cali, esa cercanía con la gente nos da
un placer que no nos da otra cosa en la vida, ni ver
televisión, ni tener novia, ni comprarnos un carro o
ir al centro comercial.
Antes decíamos que es
inoficioso invitar a la gente al “ritual de ir al
templo del teatro” preferimos llevar el teatro a los
parques y las escuelas, nuestro escenario es la vida…
OR:
¿Qué papel juegan las
comunidades, por cuanto serían (o son) éstas, las
eventuales destinatarias del hecho cultural?
OFCH: Es que para
nosotros la comunidad no es algo externo, la
comunidad no está allá lejos, ¡Nosotros somos
comunidad! Ser líderes no nos excluye de la
comunidad, en ella hay gente que hace zapatos, otros
venden tamales, otros manejan buseta, nosotros somos
esa parte de la comunidad que hacemos teatro para
nuestras comunidades, para nosotros mismos… seguimos
luchando para reconocernos dentro de las comunidades.
OR:
Visitando tus blogs, he notado
el interés que tienes por una propuesta artística
que prescinda cada vez más de la palabra,
privilegiando la imagen: ¿asumes este reto como un
riesgo calculado?
OFCH: Mi problema es
que yo abuso de la palabra en la gestión cultural,
la política, la pedagogía y el amor; esas cuatro
esferas de mi vida son construcciones discursivas,
se habla mucho, se promete mucho, se divaga y esas
palabras empiezan a sonar huecas y carecer de
sentido. Frente a ese abuso a ese crimen con la
palabra, en el arte intento depurarme, sanarme,
vacunarme, por eso llevamos tres montajes teatrales
preguntándonos por el lenguaje no verbal y
realizamos comparsas como imágenes que deambulan por
las calles de las fiestas… en literatura me pasa
igual, yo no soy capaz de leer novelas, me aburre
leer un párrafo de descripciones para que me digan
que el carro es rojo… ese asunto de las atmósferas
me fastidia, yo prefiero la poesía, la contundencia
y la síntesis, es como la heroína, directo a la
vena, directo al cerebro, por eso escribí:
“Escribir: una estocada”. Creo que el arte es una
síntesis estética de la realidad….
En cambio la gestión cultural es una mentira del
recurso público, yo tengo dos anaqueles llenos de
informes sobre los proyectos que hemos desarrollado
para diferentes alcaldías, dicen cosas como “la
comunidad participó en el evento”, “los asistentes
disfrutaron la función” pero yo se que no hay
pruebas de veracidad, pero el estado le cree a esa
letra inútil, siempre es mas importante la letra
escrita que la realidad misma, por ejemplo a ellos
no les importa la calidad de las actividades
culturales realizadas con el recurso público, solo
les interesa un documento firmado que garantice que
el evento se hizo… es el absurdo total, debe ser
herencia de los romanos que decían que el papel lo
aguanta todo…
Yo
no tengo la capacidad de calcular ningún riesgo, soy
muy torpe para lograr algo así. Realmente es que
para mí no hay mucha diferencia entre la palabra o
la imagen pues las dos son representaciones de la
realidad. Yo juego en las dos como un malabarista,
con las letras y las imágenes así sean de video,
fotográficas o escénicas, para mí son simplemente
diferentes herramientas para generar
contenidos.Ahora por ejemplo puedo escribir algo a
partir de una fotografía (Mira el post: cuerpo
paisaje, donde unas fotos me proponen unas frases) o
al contrario escribo un texto que me lleva a
realizar una fotografía… con el teatro igual, a
veces nuestras obras parten de una narración escrita,
de diferentes textos y a veces las imágenes
escénicas que logramos nos permiten concretar textos.
El arte se nutre sistemáticamente, lo importante es
la visión poética de la realidad no el lenguaje del
arte que usas para difundir esa visión.
En ese sentido valdría la pena revisar a las
vanguardias literarias: el caligrama, la literatura
automática, el cadáver exquisito, revisar a Duchamp,
a Mallarmé y muy especialmente al maestro Joan
Brossa con sus poemas-objetos, que están en un
límite entre la escultura y el poema… él es mi norte
en estas reflexiones.
OR:
¿En qué situación está
Carretaca Teatro en cuanto al apoyo oficial?
OFCH: Aquí no
existe el apoyo oficial, desde la Constitución de
1991 con la neoliberalización de nuestro estado no
existe el mecenazgo público, aquí no hay compañía
nacional o pública y mejor así, pues los grupos
somos empresas que le vendemos servicios artísticos
al Estado, por eso nos toca inventarnos que el
teatro es bueno para que la gente aprenda a cruzar
la calle, para que la gente ahorre agua, que el
teatro es bueno para enseñar buenos comportamientos,
que si la gente no va a teatro los domingos pues se
vuelve violenta, entonces el estado nos cree y así
logramos arañarle algunos centavos que no tienen
como fin “apoyar el teatro”, si no ofrecer
programación para la gente con las anteriores
excusas. Si un grupo no se mete en esa dinámica de
hacerle el juego al estado, tiene que jugar
empresarialmente, es difícil pero algunos lo logran.
Después de hacerle el juego al estado por varios
años, nos cansamos de tanta mentira para justificar
una acción cultural; nosotros decidimos no vivir del
teatro, sino vivir para el teatro, entonces
trabajamos para pagarnos nuestro espacio, nuestras
producciones, nuestros placeres… el teatro es como
un vicio y a nadie le pagan para que se meta un pase
de coca o para que juegue fútbol los domingos con
sus amigos… aunque seguimos arañandole al estado lo
que se pueda mediante becas o convocatorias.
OR:
Háblanos
un poco de los proyectos de la agrupación.
OFCH: Bueno, Carretaca es un hervidero de ideas,
estamos en un montaje infantil titulado “Historias
de fábula” que seguramente tendrá elementos de
actuación y títeres con texto y para sala. Estamos
en un proceso de investigación de las cajas
misteriosas a partir de un taller que realizamos el
año anterior con nuestros maestros de Hilos Mágicos.
Las cajas misteriosas en esencia son unos teatrinos
miniatura de 40×40 centímetros donde las obras
tienen duración de uno a tres minutos, el espectador
escucha con unos audífonos y mira el montaje por un
pequeño orificio de la caja y el titiritero hace la
animación para cada espectador. Es como las antiguas
cámaras de fotografía de fuelle donde el fotógrafo
se escondía bajo una tela negra (en Colombia les
decimos foto agüita), tomarse una foto en un parque
era un espectáculo. Entonces las cajas misteriosas
se instalan en un parque y cada minuto se cambia de
espectador, en un día podríamos hacer funciones para
uno, cien o mil espectadores con nuestras cinco
cajas misteriosas. Dramatúrgicamente es muy
interesante pues el espectador puede ver una sola
caja, pero al ver las cinco encontrará conectores,
como fragmentos de una historia, deseamos estrenar
pronto esta idea.
Por otro lado estamos viviendo una especie de cierre
de ciclo, varios de los integrantes antiguos están
en proceso de separación y el grupo de actores
nuevos está en proceso de formación, estos ciclos
son dolorosos pero necesarios, para relevar fuerzas,
emociones y pasiones; yo mismo me siento casi en un
año sabático, es que ya son nueve años de labor
ininterrumpida y suponemos que además de hacer
teatro tenemos derecho a hacer nuestras vidas
personales (aunque me da risa, porque si uno le es
infiel al teatro, el teatro se lo cobra muy duro, el
teatro es como una religión, como un sacerdocio con
voto de castidad y abstinencia ja, ja, ja)
OR: Sé de tu experiencia
docente en bachillerato y que hay propuestas de
trabajo cultural ¿Ves potencial creativo en los
colegios?
OFCH:
¡Los jóvenes son el objetivo! Yo ya empecé a sentir
que mi generación no pudo cambiar el mundo, si
llegamos a los treinta, simplemente nos ganó la vida,
nos comió el sistema… Ahí está esta nueva generación
abierta a toda la información que reciben con la
agilidad de los nuevos medios, ellos merecen que así
como les hablan de fútbol, de reinas, de reggaetón y
las novelas, se les hable de la poesía, de la
estética, de la libertad, pero esas cosas no se
enseñan, esas cosas se cometen.
El
docente debe ser un corruptor, un enamorador, romper
paradigmas, incentivar el pensamiento crítico,
autónomo y divergente; pero cuando yo encuentro
estudiantes de bachillerato me piden que les firme y
que les saque notas si escriben dos palabras, pero
la culpa no es de ellos, fueron educados para la
nota, por el timbre de los perros de Skinner. En ese
sentido la labor docente implica enfrentarse a la
escacés de tiempo pues el discurso de formar
empresarios está muy metido en los colegios, ellos
dicen que la prioridad es lograr que sean
productivos pues ya no hay puestos de empleo,
entonces la formación estética es un lujo del que se
puede prescindir.
Yo creo que abrí espacios de pensamiento y acción
estética, cuando me despedí de los muchachos del
Liceo Luis Enrique Osorio y me dijeron: “Profe ya
entendimos que en la vida uno puede hacer un camino
de sabiduría o de ignoracia pero es uno mismo el que
hace ese camino”… si yo logro generar esas
inquietudes en ese contexto tan rígido de la
educación formal, siento que esa es mi contribución
a la historia…. ufffff
OR:
¿Cree
Oscar Felipe Chávez en la labor cultural como
alternativa a la violencia, a la des-educación
sistemática en nuestros países?
OFCH: Radicalmente sí,
por todo lo que he contado y en ese sentido creo que
soy mas radical que un talibán…
Nota: Si el curioso lector desea conocer màs del
entrevistado, puede visitar su blog :
www.oscarfelipechavez.blogspot.com
Omar Requena.
Venezolano, nació en Caracas en
1972. Cursó estudios de Derecho y Artes visuales
en la misma ciudad. Cursa comunicación social en
la Universidad Bolivariana de Venezuela , en la
población de Ocumare de Tuy, antigua capital del
estado Miranda, donde reside desde hace varios
años, interesado en la riquísima y poco conocida
momoria histórica de la región. Tiene inédito un
poemario Palabras para después y prepara su
primera colección de relatos.