México, Distrito Federal I Julio-Agosto 2007 I Año 2 I Número 9

 








 

Paz Díez Taboada. Nació en Vigo (Galicia, España) y pasó su infancia en Santiago de Compostela, la ciudad de su memoria sentimental y poética. Desde su adolescencia, vive en Madrid, en donde se licenció en Filología Románica (Universidad Complutense) y se doctoró en Hispánica (UNED). Es profesora de Lengua y Literatura Españolas; y, además de diversos trabajos, propios de su quehacer docente, ha publicado los siguientes poemarios: Voces tomadas (ed. particular, 1990); El fuego oscuro (Valencia, 1991 y 1993); El curso de la sombra (Madrid, 1994, y Málaga, 1997); Rumor de vida (Málaga, 1996); Lucerna (Málaga, 1998) y Caída libre (Las Palmas de Gran Canaria, 2003).

 

 

I

También yo he replegado la mirada

que se alargó expectante ante un sueño vacío.

También, como en torrente, bajé los escalones

desde la luz más limpia

hasta alcanzar esta oquedad opaca.

Entonces es aquí. No digas que soñaste

con hallarte entre cuatro paredes de miseria:

al norte, la ambición; al sur, vanas mentiras

y, al este y al oeste, la piara.

Tú no formabas parte -no estabas entre ellos-,

pero aún te empecinas en esa misma sombra.


 

II

Cuando tomé aquel tren creí que alzaba el vuelo,

que la tierra se hundía bajo la marquesina,

que hierros y cristales caían con estrépito,

que las luces geométricas del vagón eran alas

para alcanzar los sueños.

-Pero tú ya sabías…,

¿por qué ahora te asombras de que aquella balumba

fuera tan solamente el tren en su arrancada?

No pretendas el gesto desdeñoso del héroe.

Eras tú quien caías.

 

III

¿A qué capilla piensas retirarte?

¿A qué celda o qué templo? ¿Ante qué imagen

que contemple impasible tu gemido crispado?

¿Dónde hallarás el vaso que recoja la lágrima?,

¿en la barra del bar o, de pie, en la cocina,

ante el cuchillo de la madrugada?

Y si piensas quebrar la espada de tu furia,

¿contra qué muro o perro? ¿Entre qué gentes

se abrirá paso el grito, agudo como un dardo,

como un hierro que hiere y envenena la herida?

Y ¿cómo compondrás el gesto compungido

para mover el ánimo de los precipitados

transeúntes?

No pierdas el tiempo que se evade,

planeando estrategias emotivas.

Si hace tiempo que tú ya no oyes sus quejas,

echa tu llanto al pozo del olvido.

 

IV

La copa, aquí, al alcance de la mano,

entre libros, papeles y sueños volanderos,

emergiendo del río de proyectos perdidos,

y manteniendo, firme, el líquido silbante,

junto al ángulo agudo de la tijera abierta...

El vértice, clavado en la cruz del presente.

-Elige. Si te asusta afrontar la caída

en las fauces del tiempo,

recórtale las alas sombrías a la tarde

y ahógate en el sueño del licor ambarino...

Pídeles a los dioses que detengan

la marcha de la nave.


 

Del área relegada1


 

1 Conjunto de poemas que quizá, algún día, formen un libro.

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